La espirulina aparece en casi todas las listas de "superalimentos para adelgazar", y esa etiqueta hace más daño que bien: convierte un alimento con propiedades concretas y modestas en una promesa que no puede cumplir. Esto es lo que sí aporta, lo que dicen los estudios y lo que conviene saber antes de tomarla.
La espirulina (Arthrospira platensis) es una cianobacteria filamentosa de agua dulce que se cultiva desde hace décadas como alimento y como suplemento. Su rasgo más destacable es la densidad proteica: entre el 55 % y el 70 % de su peso seco es proteína vegetal completa, con los nueve aminoácidos esenciales, algo poco frecuente en el reino vegetal. Aporta además hierro, vitaminas del grupo B, betacarotenos y ficocianina, el pigmento azul con actividad antioxidante estudiada in vitro.

Existen ensayos que evalúan la suplementación con espirulina en personas con sobrepeso, con dosis habituales de entre 1 y 8 gramos diarios durante periodos de 4 a 12 semanas. Los resultados reportados sobre peso corporal e índice de masa corporal son modestos y no siempre consistentes, y las muestras suelen ser pequeñas. Ninguna revisión seria concluye que la espirulina produzca pérdida de peso relevante por sí misma.
El mecanismo por el que sí puede ayudar es indirecto y bastante simple: la proteína es el macronutriente que más contribuye a la saciedad, y un aporte proteico adicional antes de comer puede reducir la ingesta posterior. Eso facilita sostener un déficit calórico, que es lo que realmente produce la pérdida de grasa. Dicho de otro modo: la espirulina no adelgaza, pero puede hacer más llevadero lo que sí adelgaza.
Es la advertencia más importante de esta página. La espirulina cultivada en condiciones deficientes puede contaminarse con microcistinas —toxinas producidas por otras cianobacterias— o acumular metales pesados del agua de cultivo. Es un problema documentado y depende por completo del proveedor. Al elegir un producto con espirulina, el origen y el control de calidad del fabricante pesan más que la dosis declarada.
La espirulina es uno de los cuatro ingredientes de BeInShape, junto con proteína de soja, extracto de perejil y vitamina B6. En ese contexto cumple el papel que le corresponde según la evidencia —aporte proteico y saciedad—, reforzado por la soja, que actúa por el mismo mecanismo. El análisis de la fórmula completa está en la página de composición.
Como apoyo, y de forma modesta. Su aporte de proteína vegetal contribuye a la saciedad, y ahí está su utilidad. Los ensayos en humanos sobre peso corporal existen, pero son de tamaño pequeño, duración corta y resultados no siempre consistentes. No produce pérdida de peso sin déficit calórico.
Las dosis empleadas en estudios van habitualmente de 1 a 8 gramos diarios, repartidos y acompañados de agua. Tomarla antes de las comidas es lo más coherente con el efecto que se busca, que es la saciedad previa. Conviene empezar por la dosis baja para valorar la tolerancia digestiva.
Lo primero que suele describirse no es el peso sino la sensación de saciedad, en cuestión de días. Cualquier efecto sobre la báscula es gradual y depende sobre todo de la alimentación que la acompañe.
Personas con fenilcetonuria, ya que aporta fenilalanina. Requiere precaución en enfermedades autoinmunes y en tratamiento anticoagulante, por su contenido de vitamina K. Tampoco se recomienda en embarazo y lactancia por falta de datos de seguridad.
Los descritos con más frecuencia son molestias digestivas leves al inicio, sobre todo con dosis altas o poca agua. Un punto importante de calidad: la espirulina mal cultivada puede contaminarse con microcistinas o metales pesados, por lo que el origen del producto importa más de lo habitual.
Médica Cirujana por la UNAM (cédula 7842091). Maestría en Nutrición Funcional, Universidad de Guadalajara. Diplomado en Fitoterapia Clínica, UAM. 14 años de experiencia clínica.